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Cómo la Data Governance Act puede alumbrar en las ciudades nuevas políticas de innovación

En una sociedad urbana en red, las conexiones son la clave del éxito de nuestras ciudades, y tanto la Data Governance Act como la European Data Act ofrecen un amplio campo de juego para desarrollar un urbanismo ágil, evolutivo, que tome el dato y las métricas como una materia prima tan importante como era el ladrillo en otro tiempo.

Data Governance Act y diseño urbano

Analizamos la Data Governance Act desde el punto de vista de su impacto potencial en aquellas ciudades que deseen implantar políticas urbanas innovadoras que utilicen el dato como una materia prima más para «hacer ciudad.»

Este post es un nuevo capítulo en una serie de artículos que hemos publicado en los últimos tiempos sobre cómo la estrategia europea en torno al dato puede ayudar a realizar un diseño urbano informado, ágil e innovador. Al lector le puede interesar conocer este ejemplo basado en AirBnB que ilustra las disfunciones que existen actualmente entre los datos que las ciudades producen y su capacidad para poderlos utilizar por parte de las administraciones. También le puede interesar nuestro análisis en dos partes de la European Data Act: parte I aquí, parte II aquí.

Una estrategia europea en torno al dato

European Data Strategy

La Data Governance Act es un elemento de una amplia estrategia que comporta más normas. Las más importantes se muestran en la figura, obtenida de una reciente sesión de feedback mutuo entre la Comisión Europea y las ciudades que, coordinadas por Zaragoza y Colonia, participan en el grupo de trabajo de datos de Eurocities.

Como se ve en la figura, la Data Governance Act tiene, como principal objetivo generar confianza entre los agentes involucrados en la re-utilización de datos de carácter personal y no personal. En este sentido, va más allá de la Open Data Act, cuyos datos regulados son de carácter público y, por lo tanto, deja fuera, por definición, los datos personales.

Como objetivos secundarios, la norma pretende promover la compartición de datos entre empresas (a cambio de una remuneración, no necesariamente monetaria), poner en uso los datos personales (para fines alternativos a los que fueron recogidos, se entiende) con ayuda de los «intermediarios de datos», figura que explicamos más adelante y, finalmente, permitir el uso de datos con fines altruistas.

La Data Governance Act, como es lógico, tiene que contar con los límites establecidos en la GDPR en materia de protección de la privacidad ligada a los datos personales, y debe potenciar la intención de la Digital Markets Act de corregir los desequilibrios de mercado generados por posiciones dominantes en torno a los datos.

Energía cara y pobreza: datos contra la tormenta perfecta

Obviamente, si favorecemos la re-utilización y la compartición de datos, promoveremos mercados más sanos: no olvidemos que muchas de las posiciones dominantes en el ámbito de los datos se han originado por situaciones previas de dominación en los mercados. Pensemos en el oligopolio eléctrico, por ejemplo. Con la situación (coyuntural por Ucrania o estructural debido a una errónea política energética, que cada uno piense lo que quiera) de altos precios de la energía, va a haber mucha gente en las ciudades desprotegida ante las temperaturas extremas.

En verano, con las previsibles olas de calor que cada vez son más frecuentes, más extremas y más largas, muchos hogares no van a poder activar o instalar aires acondicionados. Las personas mayores que vivan solas y que se hallen en situación de pobreza energética (con los altos precios de la energía, esta será una situación nada excepcional), pueden estar en peligro. Con un buen acceso a datos de consumo energético por parte de los ayuntamientos podrían tratarse de una manera individualizada estas situaciones y activar los servicios sociales en los casos de un peligro cierto.

Estructura de la European Data Act en relación con el diseño urbano

Pero no solo necesitamos los datos para responder ante las emergencias. Para empezar, en el propio preámbulo de la norma se reconoce el valor potencial de los datos en ámbitos que, como la «nueva movilidad», afectan directamente al diseño y gestión de la ciudad. Se menciona también su interés para la implementación del Green Deal, ese gran pacto verde continental para una sociedad más sostenible e innovadora.

De modo que, yendo directamente al asunto que nos ocupa (la puesta a disposición de los datos para unas políticas urbanas más informadas), podemos señalar los capítulos más relevantes de la norma:

  • capítulo II, que crea los mecanismos de re-utilización de datos del sector público fuera de la categoría de open data (datos, por tanto, sometidos a algún nivel de protección).
  • capítulo III, destinado a crear la confianza necesaria para poder compartir tanto datos personales como no-personales, además de tratar de disminuir alguna de las barreras objetivas para esta compartición (como los costes) bajo un prisma colaborativo y abierto.
  • capítulo IV, que se ocupa del «altruismo de datos», un concepto destinado a facilitar la compartición de datos desde el origen (es decir, el momento en que el usuario-productor de datos los genera) a condición que dichos datos puedan ser utilizados para el bien común. Un aspecto que permite a los ayuntamientos y a sus entes asociados, precisamente como garantes en nuestra sociedad urbana de ese bien común, un papel relevante en la gobernanza del dato, como más adelante veremos.

Nuevas figuras

En primer lugar, la norma otorga a los poderes públicos (en el caso de las ciudades, las administraciones locales o sus agencias), nuevas responsabilidades. Si éstos han de tener acceso a nuevos silos de datos hasta ahora en las manos de las empresas, parece consecuente que deban también cumplir con nuevos requerimientos: el de implementar los medios técnicos para salvaguardar los derechos relativos a los datos: propiedad intelectual, propiedad industrial, privacidad, integridad, etc.

Junto al reforzamiento del papel de las administraciones, la European Data Act da carta de naturaleza a una serie de nuevas figuras, entre las que destacamos dos: los intermediarios del dato y las organizaciones altruistas en materia de datos, para las cuales se crea un nuevo registro.

Vamos a tratar de comprenderlas.

La figura del «intermediario del dato»

Es muy interesante la figura de los «intermediarios de datos», proveedores de servicios de compartición de datos con el encargo de garantizar los derechos del usuario relativos al dato. Si recordamos que la European Data Act (la otra norma que hemos analizado en este blog) define al usuario como propietario de sus datos, nos encontramos que esta figura es clave para que éste pueda ejercer su derecho a la portabilidad, a la cancelacíón, al procesado o a la rectificación de los datos guardados en los «almacenes de datos.»

Esta figura se convierte, de facto, en la figura del «defensor del usuario», y abre posibilidades interesantes en la ciudad. Si consideramos al usuario como ciudadano ¿por qué no esta figura del intermediario del dato puede ser ejercida por un ayuntamiento o, al menos, estar bajo un contrato municipal? En todo caso, la propia oficina de los Data Protection Officers (delegados de protección del dato) podría asumir esta nueva función, asegurando, al menos, que el ciudadano puede ejercer sus derechos relativos al dato en una sola ventanilla (municipal, o no) para todos los servicios urbanos que utilice, desde el autobús a la energía, estén o no bajo un paraguas municipal.

La figura de las organizaciones altruistas en datos

Cuando la ciudadanía confía en quién guarda y custodia sus datos y cuando está segura de que dichos datos van a usarse para el interés público, puede decidir «donar» altruistamente sus datos. Para facilitar estas donaciones conviene que el organismo sea transparente y rinda cuentas de sus actividades de manera clara y entendible. Este tipo de organizaciones «altruistas» en cuanto al dato pueden inscribirse en un registro comunitario, a condición de cumplir una serie de exigencias para que todo el mundo pueda estar seguro de su comportamiento intachable respecto a este importante activo que es el dato personal.

Sin embargo, la recompensa para estas organizaciones, a cambio de cumplir estas condiciones de inscripción y auditoría, puede ser muy valiosa: contribuir al progreso de nuestra sociedad urbana a través de la conexión de estos nuevos yacimientos de información con el tejido científico o cívico, nada más y nada menos. Es, por ejemplo, lo que tratamos de hacer desde Etopia. Centro de Arte y Tecnología con nuestro proyecto Datalab, que ya está ayudando, por ejemplo, a mejorar las políticas públicas de apoyo al pequeño comercio o de logística de última milla.

¿Para qué y cómo se comparten datos con las administraciones?

Los datos han de compartirse para hacer mejor aquellas funciones de servicio público que las administraciones locales tienen encomendadas. Por tanto, en el caso de los Ayuntamientos, ésto incluye el diseño de nuevos y mejores servicios y espacios públicos. El diseño urbano encaja de lleno en la Data Governance Act.

¿Cómo? Con cuidado. Para evitar riesgos sobre la privacidad en el tratamiento y compartición de datos personales la norma aconseja utilizar técnicas de anonimización, pseudoanonimización, privacidad diferencial, generalización (agregación), supresión (de campos, se entiende) o aleatorización. Algunas de estas técnicas son habituales en los «sandboxes» de datos urbanos que se están creando y aparecen ya descritas en nuestro trabajo de 2015 «A guideline to public-private partnership on urban big data sharing», que fue publicado en 2017 por la Universidad de Florida dentro del libro «Network Design And Optimization For Smart Cities».

Estos principios fueron puestos en marcha en «El Periscopio» de Zaragoza, nuestro primer sandbox de datos urbanos al servicio de la quíntuple hélice de la innovación: start-ups, instituciones públicas, tejido cívico, comunidad científica/académica y artistas.

Hacia un diseño urbano ágil, innovador e informado

Dice Koolhaas que el nuevo urbanismo no será el de la innovación en la forma sino en los procesos. Estamos de acuerdo. Las ciudades son ecosistemas de carácter orgánico, tan naturales como cualquier otro, y la innovación no llegará desde arriba sino desde todos los frentes. En una sociedad urbana en red, las conexiones son la clave del éxito de nuestras ciudades, y tanto la Data Governance Act como la European Data Act ofrecen un amplio campo de juego para desarrollar un urbanismo ágil, evolutivo, que tome el dato y las métricas como una materia prima tan importante como era el ladrillo en otro tiempo.

Bits y átomos, átomos y bits. Ya no hay excusa.

Artículo publicado bajo licencia Creative Commons de cultura libre. Algunos derechos reservados.

Foto de Denis Shlenduhhov en Unsplash

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Last modified: 30/04/2022
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