Escrito por 07:51 Charlas y entrevistas, Smart City

En “El Mundo”: hacia la ciudad de código abierto

Una ciudad de código abierto debe tener instituciones cercanas y accesibles, debe resultar sencillo entender cómo funciona y cómo se participa en ella, debe poder permitir diversos grados de participación en función de los intereses o del nivel de compromiso de la gente con su ciudad

Smart City de Código Abierto

La ciudad de cógigo abierto como tema de la entrevista para la periodista María Crespo (@tusojosabiertos en twitter), del diario “El Mundo”, con motivo de su especial sobre Smart Cities publicado el 28.11.13

-¿Qué son los “city makers”?

El mundo está experimentando un proceso de urbanización sin precedentes. Hay ciudades que están surgiendo casi de la nada (ahí están los ejemplos de Songdo en Corea del Sur, o de Masdar City en Abu Dabi), y hay otras que se agrandan a gran velocidad alimentándose de un masivo éxodo rural, como en Nigeria o en muchos lugares de China. En Europa, las ciudades no cambian demasiado de tamaño, pero muchas se están reinventando para consumir menos energía, para ser más eficientes o para atraer talento e inversiones. Los ciudadanos que, a través de asociaciones, empresas, instituciones, o simplemente a título personal, participan y aportan conscientemente ideas y esfuerzo a estos procesos de reconfiguración de las ciudades donde viven, son los que llamamos “city makers”. Y hay más de los que parece.

-¿De dónde surge el concepto de smart cities?

Resulta difícil precisarlo, pero en todo caso una de las primeras veces que aparece el concepto de “Smart City” es en un libro de William J. Mitchell “E-Topia” publicado a finales de los noventa. En él, el que era por aquel entonces director de la Escuela de Arquitectura del prestigioso M.I.T. (EE.UU) constataba que, por vez primera en la historia, los cambios físicos que vemos en algunas de nuestras ciudades occidentales no eran destructivos sino regenerativos: carriles bici, rehabilitación de viviendas, mejora de zonas verdes, recuperación de cascos históricos, implantación de sistemas de ahorro de energía, etc. Por primera vez en la historia, continuaba Mitchell, las generaciones que habitamos estas ciudades podemos aspirar a cubrir nuestras necesidades sin comprometer el futuro de los que vendrán. En este sentido, las “smart cities” o ciudades inteligentes, serían aquellas que se acerquen a este formidable reto.

-¿Tecnología e inteligencia son dos conceptos que van siempre unidos?

No necesariamente. El eslabón que une la inteligencia y la tecnología sería quizás la sencillez. La inteligencia la ponen siempre las personas, sea en las ciudades, en los programas de ordenador o en los móviles. Cuanta más gente usando un artefacto tecnológico, más cosas interesantes se podrán hacer con él. Las tecnologías inteligentes son aquellas que son muy fáciles de usar y que permiten que la gente se las “apropie” para darles nuevos usos. Hay emigrantes que envían dinero a sus familias a través de SMS que, a su vez, recargan tarjetas prepago en Guinea Conakry, Senegal, o Mali. Tarjetas que luego canjean sus familiares por alimentos o ropa.

En sentido inverso, se puede aplicar la tecnología de manera muy poco inteligente, como en algunos “apagones” gubernamentales de redes de comunicaciones en países poco democráticos o, sin mirar tan lejos, para aplicar programas de espionaje sistemáticos en nuestras propias sociedades.

-¿Cómo puede una ciudad ser garantía de mejora democrática?

No lo sabemos todavía muy bien, porque hace todavía poco tiempo que nos hemos dado cuenta de que, junto a una galopante crisis económica, sufríamos una crisis democrática quizás aún más grave. Hay una crisis de legitimidad que afecta a partidos políticos, prensa, instituciones financieras y a los poderes públicos, ayuntamientos incluidos. Durante este tiempo hemos esbozado una posible solución para este problema a nivel local, que es donde nosotros trabajamos. Como en la tecnología, si conseguimos que participar en la reconfiguración de nuestra ciudad sea sencillo, quizás mucha más gente se anime a dar ideas, a compartir su conocimiento con otra gente, a co-decidir hacia dónde vamos. Es lo que denominamos ejercer una “ciudadanía inteligente”.

La mejora democrática viene de que cada vez haya más gente ejerciendo esta “ciudadanía inteligente” semana a semana. Para ello estamos creando nuevos espacios de participación urbanos: centros de innovación y redes que refuerzan y actualizan el contacto muy directo que siempre ha existido entre el ciudadano y los servicios públicos de su ciudad.

-¿Cómo ha sido el proceso de transformar Zaragoza en una ciudad inteligente?

Estamos en un proceso que comenzó en 2003 con el lanzamiento del plan “Zaragoza Hacia la Sociedad del Conocimiento”. Por resumir, se aprovechó el periodo 2003-2010 para, en base a fondos municipales y estatales, construir infraestructuras de innovación como incubadoras de empresas, redes de banda ancha, sistemas de movilidad inteligente, administración electrónica, o la tarjeta ciudadana.

Gracias a esas potentes infraestructuras, podemos desarrollar programas muy interesantes para hacer la ciudad más participativa, más eficiente, y más innovadora. Esos programas están contenidos en la “Estrategia de Gobierno Abierto de Zaragoza 2012-2015. Hacia una ciudadanía inteligente”.

Digamos que en la primera fase, en el ámbito de la innovación construimos el taller y las herramientas. Ahora se trata de mantener ese taller abierto a la gente, capacitarles para usar las herramientas, y transformar Zaragoza entre toda esa gente que se siente “city makers”. Para empujar y coordinar esta estrategia, el Ayuntamiento ha creado un “Servicio de Ciudad Inteligente”. Sin duda, una buena idea.

-¿Qué es una ciudad de código abierto? ¿Todas las ciudades inteligentes lo son?

Una ciudad de código abierto debe tener instituciones cercanas y accesibles, debe resultar sencillo entender cómo funciona y cómo se participa en ella, debe poder permitir diversos grados de participación en función de los intereses o del nivel de compromiso de la gente con su ciudad, ya sea como mero usuario o receptor de un curso, como promotor de ideas, como proveedor de contenidos (cursos, talleres, aplicaciones), o involucrándose en la propia gobernanza de los espacios y, por extensión, de la ciudad. Debe tratar de acompañar a los ciudadanos, en su crecimiento personal y profesional, y a las empresas que quieran crear empleo en ella en el desarrollo de sus negocios. Una ciudad de código abierto da, de esta manera, más y mejores oportunidades a ciudadanos y empresas. Y, haciéndolo, se está dando oportunidades a sí misma.

No todas las ciudades comparten esta filosofía. Singapur o Río de Janeiro, por poner dos ejemplos, han desplegado imponentes sistemas tecnológicos enfocados hacia la movilidad, en el primer caso, y hacia la seguridad en el caso de Río. Hay que comprender que cada ciudad tenga sus prioridades.

-¿Cómo afecta a la seguridad y la privacidad de los ciudadanos que las empresas y autoridades tengan a su disposición tal cantidad de datos generados en una ciudad?

Hemos cedido durante los últimos años nuestra privacidad a cambio de funcionalidad. Tenemos prisa por obtener un billete de avión on-line y aceptamos las condiciones de uso de nuestros datos que la página nos solicita sin leerlas. ¡No queremos perder ese billete! Intuimos que eso no está bien, pero eso es todo. Si un día decidimos reclamar por el uso indebido de nuestros datos, no sabemos ni ante qué instancia hacerlo. Lo más seguro es que no esté ni en nuestro continente. Las operadoras de móviles saben dónde estamos y con quién nos relacionamos. El caso más extremo es Google, que lo sabe casi todo de todos y no oculta que ahí radica precisamente su negocio.

En esta realidad, “lo público” puede ejercer un papel de garante de nuestros derechos. Podemos decirle al ciudadano: “sus datos personales, ya sean de impuestos o de movilidad urbana, están custodiados por una institución cercana a usted, sujeta a una legislación que es también la suya, y ante la que se puede reclamar por vía administrativa o judicial si siente sus derechos vulnerados. En todo caso, siempre es posible cambiar al cabo de 4 años a los que gobiernan esa institución si cree que no son de fiar.”

-¿Podrías darme ejemplos concretos de cómo sectores o servicios de Zaragoza han mejorado su rendimiento?

Hay dos ejemplos claros: el medio ambiente y la movilidad. Gracias a la mejora de infraestructuras y, especialmente, a la concienciación ciudadana, el consumo de agua total de Zaragoza hoy es un 30% inferior al de hace 15 años, con casi 100.000 habitantes más, y tenemos un barrio, Valdespartera, con casi 10.000 viviendas sociales diseñadas para consumir menos de la mitad de la energía que las viviendas convencionales. La densidad urbana de nuestra ciudad y la apuesta por el tranvía y la bicicleta (dos avances “tecnológicos” importantes pero no necesariamente recientes), ha supuesto un importante descenso en el tráfico rodado en la ciudad, hasta el punto de que hoy Zaragoza es, según TomTom, la ciudad europea de más de 500.000 habitantes con menos atascos.

-¿Qué riesgos tienen las ciudades mal gestionadas?

Una empresa mal gestionada o poco innovadora (monopolios aparte) acabará tarde o temprano quebrando porque su competencia se llevará a sus clientes. Los ayuntamientos no tenemos el riesgo de que nos crezca otro ayuntamiento competidor al lado, pero si no gestionamos bien la ciudad daremos argumentos a quien persigue la “jibarización” de la administración local. De todas formas, en general las ciudades no están mal gestionadas, cada una busca soluciones a los problemas que tiene en base a sus capacidades y a su ser. Lo que ocurre, es que en algunos casos los problemas son gigantescos, como el tan manido colapso de Detroit, la ciudad que lo fió todo a la industria automovilística.

Todos sabemos que no es inteligente poner todos los huevos en la misma cesta, sea la cesta del automóvil, del turismo o de la construcción, e inexplicablemente se sigue haciendo. Densidad, diversidad en nuestros barrios y diversificación en la actividad económica es el mejor antídoto contra problemas de gestión futuros. Es difícil gestionar bien una ciudad mal planificada.

-¿Cómo se conjugan los espectaculares desarrollos urbanos con esta filosofía de ciudades inteligentes? ¿Hay que reducir el tamaño de las ciudades?

Si hablamos de población, reducir el tamaño o aumentarlo, desgraciadamente, no está en nuestras manos. La gente, cuando emigra de un lugar a otro, es siempre en busca de oportunidades. Si existe una brecha económica entre una ciudad y su entorno, mucha gente irá hacia ella. Si hay suficientes viviendas sociales, la gente vivirá en ellas, si no, esa misma gente vivirá en chabolas, o en favelas. Si los nuevos barrios en Brasil o en la India se construyen con viviendas unifamiliares entonces ocuparán grandes extensiones de terreno, la gente usará el coche para desplazarse y será muy caro el llevar servicios como transporte, electricidad o saneamiento. El peligro de colapso está ahí, especialmente si hay un pinchazo económico o el precio de la energía se dispara. Con centenares de millones de personas buscando nuevas oportunidades en las ciudades, el planeta se la juega en la necesidad de una planificación urbana inteligente.

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Etiquetas: , , , , , , Last modified: 30/08/2020
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