Distritos de innovación

Distrito de innovación

Tras muchos años trabajando y escribiendo sobre distritos de innovación, compilamos en Urbequity los principales escritos en un meta-artículo. Llevamos desde 2008 volviendo sobre la misma pregunta: qué hace que un distrito de innovación funcione de verdad, y por qué muchos se quedan a medias. Las preguntas y respuestas han ido apareciendo, artículo a artículo, desde ángulos distintos (un decálogo propio, la gestión de la Milla Digital de Zaragoza, casos ajenos que salieron mal, un marco teórico, una crítica estructural), pero siempre alrededor de la misma idea: en la mayoría de ocasiones, el fracaso o el éxito de un distrito de innovación no son conceptos claros, rotundos e inmutables. A menudo dependen del momento en que se hace la pregunta tanto como de “a quién” se le pregunta, pues raramente la imagen interna y externa de estos distritos coínciden.

Esta página reúne, en orden, los artículos que sostienen ese argumento, desde su origen intelectual hasta el caso que todavía está abierto.

Un espacio de flujos cristalizando en el mundo físico

William Mitchell’s e-topia (1999). El decano de la facultad de urbanismo del MIT escribió, antes de que nadie hablara de “ciudades inteligentes”, que las redes digitales acabarían por reorganizar el espacio urbano tanto como lo hizo el ferrocarril. La palabra e-topia le da nombre, no por casualidad, al propio Etopia, el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza. Etopia pretendió ser el corazón del distrito de innovación de la Milla Digital de Zaragoza, y en cierta medida encarnaba los principales valores de un distrito de innovación, comprimidos dentro de sus 16.000 m2: apertura a la ciudadanía, mezcla de usos productivos, recreativos y residenciales -gracias a su potente residencia para artistas, investigadores y creadores.

Casi al mismo tiempo, el sociólogo Manuel Castells -autor de la teoría sobre el espacio de los flujos, que relaciona los intercambios digitales con el lugar físico- y el geógrafo Sir Peter Hall habían recorrido medio mundo para acabar escribiendo Technopoles of the World (Castells y Hall, Routledge, 1994), el primer estudio sistemático de las “tecnópolis” en todas sus formas —parques científicos, ciudades científicas, programas nacionales y tecnocinturones—, para explicar qué distingue a los que prosperan de los que fracasan. El libro se financió con fondos de la Expo de Sevilla del 92, la primera ciudad española conectada por AVE. Es curioso que la obra de referencia  sobre cómo la tecnología reconfigura el territorio naciera, literalmente, de una exposición universal, el mismo tipo de evento que da lugar al artículo con el que cerramos nuestro recorrido: la Expo de Zaragoza, y su necesidad de incorporar vivienda para acabar de funcionar.

Tanto Mitchell, como Castells y Hall, formaron parte del inolvidable Comité de Expertos de Zaragoza cuya historia contamos en el libro Ciudad Abierta. Ciudad Digital. Todo lo que sigue en esta página es, en cierto sentido, un homenaje y una respuesta veinticinco años después a a pregunta original: ¿cómo se construye, en el terreno, el lugar que la teoría anticipó?

Aprendiendo a construir e-topias

Todo empieza en un workshop en Zaragoza, cuando el término “distrito de innovación” apenas circulaba fuera de un puñado de universidades norteamericanas.

New Century Cities workshop. Zaragoza Nov 2012: el MIT (Center for Real Estate y el entonces Smart Cities Group del Media Lab) coorganiza en Zaragoza un encuentro sobre grandes proyectos de desarrollo urbano agrupados alrededor de la red New Century Cities, auspiciada por el MIT. En Zaragoza se dan cita promotores de distritos de innovación como Titanic Quarter (Belfast), Media City UK (Salford, UK), Digital Media City (Seúl), Arabianranta (Helsinki), Ciudad Creativa Digital (Guadalajara, México), One North (Singapur), y Milla Digital (Zaragoza).

Si algo tienen en común todos estos proyectos, es que promueven la innovación para lograr un valor social y económico significativo en sus ciudades anfitrionas (y, en algunos casos, países). En ellos, las tecnologías de la información y los medios están integradas en el diseño de las ciudades. Son, ante todo, “habitables”. De aquí sale el pensamiento que un año después se convierte en decálogo.

Smart Cities & Universities; del mismo encuentro, el otro ángulo: qué papel juega la universidad como institución ancla de un distrito de innovación, la pieza que Katz y Wagner situarán después entre los “activos económicos” imprescindibles. Aventuramos que la próxima generación de smart cities tendría un rostro más humano y girará más en torno a ecosistemas sociales y de conocimiento que a la tecnología, y trazábamos una posible hoja de ruta para crear esos nuevos ecosistemas sociales de conocimiento: 1) trazar mapas de las iniciativas existentes, 2) conectar a las personas, 3) crear confianza, 4) involucrar a las comunidades locales, 5) trabajar en modo reto, 6) fomentar el aprendizaje de todos los socios, 7) reconocer que el lugar importa, y 8) ser ágiles.

Dentro de la “Media City” de la BBC (Salford, UK); la brecha entre la promesa de empleo local y la realidad, en el primer distrito de innovación que se cubre en Urbequity. Escrito a raíz de una serie de sesiones de intercambio y debate -en el propio Media City UK- en las que asesoramos al proyecto sobre estrategias de participación ciudadana. Su problema, un espacio público “privatizado” y aletargado. Para revitalizarlo llegaron a contratar a productores teatrales con el objetivo de generar esa “danza de la calle” que Jane Jacobs observó en las calles de Nueva York pero que, como la vida, sólo es natural cuando surge espontáneamente.

10 keys for planning an innovation district (2013); al aprendizaje junto a las New Century Cities se unió una provechosa sesión de trabajo con los promotores de Ruta N (Medellín). Con todo ello producimos un sencillo decálogo propio de claves para un distrito de innovación. Aunque visto con la perspectiva del tiempo resulta algo ingenuo, en su haber consta el haber sido escrito años antes de que el concepto de distritos de innovación se popularizara en el debate urbanístico internacional.

Los distritos de innovación tras la crisis financiera

The Digital Mile: Past, Present and Future of Zaragoza’s Innovation District (2017): con motivo de una conferencia en Digital Media City (Seúl). escribimos esta pieza para contar cómo Milla Digital nace en 2003 sobre un millón de m² liberados de vías y residuos industriales, diseñada con un equipo del MIT como “el espacio público para el nuevo siglo” y pensada para despegar con la Expo 2008. Pero la crisis congela una década las ventas de suelo: las ambiciones iniciales se reducen a Etopia y tres incubadoras. El diagnóstico de fondo es un desajuste estructural entre la visión de distrito de innovación y una promotora (Zaragoza Alta Velocidad) más centrada en vender suelo que en construir ciudad. Sin embargo, muchas de las ideas de Milla Digital han trascendido el distrito para permear a otras áreas de la ciudad.

Innovation Districts: From Barcelona to Dublin, This Is What I Know (2018): el 22@ de Barcelona ilustra bien lo que distingue a un distrito de innovación que funciona: no parte de cero, sino que aprovecha un trazado urbano previo (el Ensanche de Cerdà), con el resultado de más de 100.000 empleos nuevos y cerca del 15% del PIB de la ciudad. Esa singularidad se entiende mejor al situarla dentro de la tipología de Katz-Wagner para distritos de innovación: el 22@ es un caso de “área reimaginada”, distinto tanto del modelo “anchor plus” en torno a una institución como el MIT (Kendall Square) como del parque científico reurbanizado, alejado del centro urbano (Raleigh-Durham-Chapel Hill). La comparación con Dublín y su Smart Docklands, visitado semanas antes de redactar juntos la Declaración de Dublín, añade una cuarta variante: la de un distrito que se construye ya con esa tipología en mente.

Dublin’s Declaration on Smart Districts (2018); nace en el Harvard Smart City Accelerator, organizado por Harvard Tech y alojado por el equipo de Smart Dublin en el propio Smart Docklands. De ahí salen doce principios de trabajo: un distrito inteligente debe estar co-creado con y para quien vive y trabaja en él, respetar comunidades y valores, fomentar experimentación y aprendizaje, estar impulsado localmente pero con inspiración global, garantizar acceso efectivo a los datos, privacidad y seguridad, ser transparente y justo, construirse sobre estándares abiertos, estar conectado, generar oportunidad económica, ser escalable, y alinearse con los ODS 2030. Comparados con el decálogo propio de 2012-2013, Dublín incluye una referencia más clara a la sostenibilidad ambiental y energética.

Zaha Hadid’s Pavilion Bridge: Linking Innovation and Sustainability; el contrapunto físico: cómo (o cómo no) se conecta un distrito de innovación con el resto de la ciudad a través de infraestructura. La industria del motor en torno a Zaragoza representa el 6% del PIB regional y más de 25.000 empleos, pero tradicionalmente ha vivido “de espaldas” a la ciudad. El Pabellón Puente conecta, literal y simbólicamente, dos desarrollos urbanos insignes desconectados entre sí en las dos orillas del Ebro: la Expo (orilla norte, hoy sede de la administración regional) y la Milla Digital (orilla sur, estancada desde la crisis). Ya entonces, ocho años antes del artículo con Pellicer, constatábamos que “la falta de espacio residencial en la Expo y los vacíos todavía visibles en la Milla Digital han lastrado hasta ahora la vitalidad de la zona”

Una nueva generación de distritos de innovación: la vivienda como frontera

Distritos de innovación. ¿Auge o declive?: los distritos de innovación mejoran los parques tecnológicos de los 60-80, pero no son “la estación final” como estrategia de desarrollo urbano, porque arrastran casi siempre un problema de legitimidad, el contraste entre el carácter global de las élites que los impulsan y el carácter local de la gente que vive alrededor. Frente a ese límite, se propone la descentralización como antídoto: los fablabs distribuidos por Barcelona y “Reinventer Paris” (23 enclaves urbanos renovados con ideas de todo el mundo) como pistas de un modelo que reparte la innovación en vez de concentrarla en un único distrito.

Atlas of Innovation Districts (Ramon Gras Alomà y Jeremy Burke, Aretian Urban Analytics and Design, 2019): Gras Alomà aplica ciencia de la complejidad y teoría de redes para analizar 50 distritos de innovación de Estados Unidos: diseño urbano, especialización industrial, tipología de crecimiento, demografía e impacto económico. Donde Katz-Wagner define el concepto desde la política urbana, Gras Alomà lo mide con datos: qué distingue, en cifras, a un distrito que prospera de uno que se estanca.

El Quayside de Toronto merece tres piezas, porque el caso da para más que un solo ángulo:

Beyond Innovation Districts: Why Peripheral Communities Matter, de Jon Glasco: sube la mirada de los casos concretos a la pregunta de fondo: de los más de 80 distritos de innovación identificados en el mundo, ¿reparten beneficios más allá de quien ya vive, trabaja e invierte dentro de ellos?

Distritos de innovación y vivienda: el caso de la Expo de Zaragoza, con Francisco Pellicer: aplica en tiempo real el mismo marco (Katz-Wagner, Lynch, Moreno, Miquel Barceló, Kendall Square como contraejemplo positivo) a un distrito de innovación que todavía se está decidiendo. A diferencia de todos los anteriores, este es el único caso de la lista cuyo desenlace no está escrito.

Para profundizar

Este recorrido de quince años en artículos sueltos se desarrolla con más calma en Ciudad Abierta, Ciudad Digital (Catarata, 2021), donde el mismo argumento (que la tecnología no construye ciudad si no va acompañada de las condiciones físicas y sociales para habitarla) se trata a la escala de un libro, no de un post.

Trece años y un libro de por medio, el argumento no ha cambiado: la vivienda no es la parte superflua de la innovación, es la que decide si lo que se construye es un distrito de innovación o un polígono con mejor arquitectura.

Publicado bajo una licencia Creative Commons. Algunos derechos reservados.

Foto de Orry Verducci en Unsplash

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Last modified: 22/09/2026

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